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martes, 28 de abril de 2026

Desde Junín: la producción de papa que llega a las mesas del Perú


En 2025, Junín concentró el 8% de la producción nacional de papa y se ubicó entre las principales regiones productoras del país. 

Uno de los alimentos más presentes en la mesa de los peruanos es la papa y su abastecimiento depende en gran medida de regiones andinas. En el mapa de la producción de este cultivo, Junín ocupa un lugar relevante: en 2025 concentró el 8% del total nacional, por detrás de Puno (16%), Ayacucho (12%), Huánuco (12%),  La Libertad (9%) y Cusco (9%), según datos del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri). Este volumen de producción refleja la importancia de la región en el mapa agrícola y el rol del campo en la vida de quienes viven de él.

Parte de esta producción se canaliza hacia los principales mercados del país, donde cumple un rol directo en el abastecimiento. En el Gran Mercado Mayorista de Lima, Junín, junto con Huánuco, sostienen la oferta durante todo el año de cinco variedades de papa: blanca, yungay, color, amarilla y huayro.

“La producción de regiones andinas como Junín se conecta con los principales puntos de demanda, contribuyendo a la seguridad alimentaria, es decir, a que las personas tengan acceso continuo a alimentos suficientes y de calidad. En ese contexto, la papa ocupa un lugar central en la dieta de los peruanos, por su consumo extendido y su aporte nutricional, formando parte habitual de la alimentación en los hogares del país”, señaló César García, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES). 

Precisamente, el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) indica que en la sierra de Junín, la producción agrícola se orienta principalmente al mercado interno y a la agroindustria, donde la papa destaca por su presencia constante. Recordemos que en nuestra región, el agro no es solo una actividad más: explica el 9% de su economía. 

“En las zonas rurales de Junín, muchas familias dependen del agro para salir adelante, en contextos donde el acceso a servicios y oportunidades es más limitado. Desde el rol de las autoridades, se debe fortalecer la actividad agraria –mejorando la productividad con asistencia técnica, el acceso a mercados y las condiciones de producción– para generar ingresos más estables y sostenidos en el tiempo, lo que se traduce en mejores condiciones de vida”, precisó el economista. 

El campo sostiene el empleo, pero enfrenta desafíos 

En Junín, el campo forma parte de la vida diaria: 1 de cada 3 personas que trabaja lo hace en el agro –más de 267 mil– y 6 de cada 10 viven en zonas rurales. Esto representa una fuerza laboral importante que merece reconocimiento, pero también atención, ya que aún enfrenta desafíos pendientes de superar.

“El productor agrario es un agente económico que articula producción, empleo e ingresos en las zonas rurales. Para ampliar su aporte, se requiere asistencia continua, sistemas de extensión eficientes, caminos rurales en buen estado, conectividad digital y servicios públicos que permitan sostener y escalar su actividad”, precisó García. 

En la región, trabajar en el campo suele ir de la mano con la informalidad: 8 de cada 10 trabajadores agropecuarios no cuentan con beneficios laborales ni acceso a seguridad social, una proporción incluso mayor que el promedio nacional (75%). Esto significa que la mayoría enfrenta el día a día sin protección frente a enfermedades, accidentes o la vejez.

Asimismo, sólo el 16% de los productores en Junín tiene acceso al riego, mucho menos que el promedio nacional (35%), lo que los deja más expuestos en épocas de sequía y frente a los efectos del cambio climático.

“Fortalecer el agro en regiones como Junín implica acercar soluciones concretas al productor: asegurar infraestructura de riego, caminos rurales en buen estado y fortalecer los canales de comercialización. Esto permite que su trabajo rinda más y se traduzca en mayores ingresos para su familia”, concluyó el economista.

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