Don Julián Yachachin: el guardián de las papas nativas en las alturas de Huasahuasi


En las cumbres del distrito de Huasahuasi, provincia de Tarma, florece una historia. Ahí vive don Julián Yachachin Cóndor, un agricultor y conservacionista que resguarda más de 260 variedades de papas nativas, muchas de ellas casi extintas, pero que hoy resurgen gracias a su incansable trabajo y profundo respeto por la tierra. Con manos curtidas por el frío y la sabiduría heredada de generaciones andinas, don Julián se ha convertido en un verdadero guardián de la biodiversidad agrícola.

Su siembra no ocurre en cualquier terreno: cultiva a más de 4 000 metros sobre el nivel del mar, en zonas donde hace más de cinco siglos no se sembraba papa debido a las duras condiciones climáticas. Allí, donde el aire es más puro y el suelo más exigente, este agricultor altoandino ha devuelto vida a tierras olvidadas, demostrando que con conocimiento ancestral y perseverancia es posible enfrentar el cambio climático y recuperar sistemas agrícolas resilientes.

Huasahuasi no es solo el hogar de don Julián, sino también un emblema nacional. El distrito ha sido reconocido como la "Capital Semillera de la Papa" por custodiar una riqueza genética que supera las 300 variedades de papa, siendo este cultivo el principal sustento económico y cultural de su población. Aquí, la papa no es solo alimento: es identidad, historia y motor de desarrollo rural.

Este 30 de mayo, Huasahuasi se vestirá de fiesta para conmemorar el Día Internacional de la Papa, en una jornada que buscará revalorar el rol estratégico de este tubérculo en la seguridad alimentaria del Perú y el mundo. Se rendirá homenaje a los agricultores como don Julián, quienes desde el corazón de los Andes sostienen, con esfuerzo silencioso, la base de nuestra agricultura familiar.

En tiempos donde el mundo busca soluciones sostenibles para la producción de alimentos, historias como la de don Julián Yachachin inspiran y enseñan. Su compromiso con la tierra, su capacidad de adaptación en las alturas y su pasión por la papa nativa lo convierten en símbolo de una agricultura viva, resiliente y profundamente conectada con las raíces del Perú.

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