Usuarias logran consolidar pequeños negocios textiles durante la pandemia y son ejemplo de su comunidad.
Dicen que la selva de Junín otorga desde sus entrañas los mejores frutos tropicales. Sin embargo, esta premisa no solo aplica a sus productos sino a su gente. Y es que tres madres usuarias del programa Juntos, iniciaron con gran éxito sus emprendimientos, a pesar de la pandemia.
Maritza Chipana Zarate (31) es una madre usuaria de Juntos que, con sus habilidades en corte y confección, ha iniciado un pequeño negocio para la producción de mascarillas y trajes de bioseguridad en el distrito de San Martin de Pangoa, provincia de Satipo, en la zona selva de la Región Junín.
Ella junto a sus cuatro hermanos, crecieron y estudiaron en el Albergue “Aldea del Niño” en el distrito de Mazamari, pues su madre enviudo joven. Debido a su interés por aprender, Maritza participó en talleres de confección durante su educación secundaria, lo que hoy le permitió tener las habilidades necesarias para este negocio.
Ella trabajaba en una sastrería haciendo diversas labores, pero debido a la llegada del COVID-19, la sastrería paralizó sus actividades, dejando a Maritza en la incertidumbre y con un mejor hijo, Paris de 7 años, por el cual velar.
Llegada la pandemia, las mascarillas escasearon en la zona y las pocas que se encontraban, se vendía a costos elevados. Consiente de la enfermedad y a fin de protegerse y proteger a su familia, Maritza creó mascarillas para toda su familia. Lo que no esperaba fue que sus amigos y vecinos le pidieran que les venda algunas.
“Recuerdo que compre tela solo para 30 mascarillas, con un poco de temor porque no sabía si estas iban a venderse, pero mis mascarillas son de buena calidad y a un costo accesible. Por eso otras comunidades empezaron a pedirlas para sus zonas. En realidad, el negocio nació pensando en la protección de mi familia y mi comunidad”, comentó Maritza.
La ergonomía, calidad y buen precio hizo que otras personas se interesaran en el trabajo de Maritza, por lo que junto a su hermana Miriam Chipana que también es mamá del Programa Juntos, ampliaron sus servicios a los trajes de bioseguridad u overoles.
La venta de las mascarillas hizo que esta madre pueda comprar una máquina de segunda mano e independizarse para generar sus propios ingresos.
“En la vida siempre existirán momentos de necesidad, pero nosotras no debemos quedarnos con los brazos cruzados y rendirnos. Como mujeres debemos renovarnos y salir adelante por nuestras familias. Solo creyendo en nosotras y con nuestras capacidades lo lograremos”, dice con seguridad.
En Rio Negro. Otro caso de éxito es el de Giovana Lozano Ponce (40), natural del distrito de Río Negro, quien pasó de ser ama de casa a iniciar su servicio de composturas a delivery.
Esta madre contaba con una máquina de coser y experiencia de algunos trabajos anteriores. Sin embargo, no fue hasta el inicio del estado de emergencia que su creatividad la hizo encontrar un servicio rentable.
Debido a la necesidad de la crianza y alimentación de sus dos hijas, Yhadelín (17) y Madelin (2), Giovana empezó enviando sus servicios por mensajes a sus amigos y conocidos del distrito, a fin de poder hacer composturas a sus prendas de vestir.
Su buen trabajo y la puntualidad en la entrega, hizo que en pocas semanas su pequeño emprendimiento tuviera un insospechado éxito en toda su localidad.
“La verdad es que no sabía cómo hacer para mantener a mis hijas. Cuándo vi mi vieja máquina de coser pensé que algún provecho le podía sacarle y, gracias a Dios, todo me ha ido muy bien. Contacto a mis clientes por whatsapp y hago deliverys, siempre manteniendo las medidas de seguridad sanitaria”, dice contenta.
Estas tres mujeres son el ejemplo de muchas madres del Programa Juntos, quienes pese a sus pocos recursos pero con gran talento, capacidades y amor por sus familias se han sobrepuesto de forma creativa enseñándonos que todo es posible.
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